" Daniela T. T.Q.M"
Empiezo a contar los días para mi regreso a Tenerife. Tres meses en un sitio y “ de vacaciones” , es decir sin hacer nada, demasiado para esta pobre criatura como diría mi tía. Este viaje a Venezuela fue más infructuoso de lo que pensé. Se me llenó de tiempo ociosos y de ratos, a veces buenos, a veces malos. Y una de las cosas que me llevo de aquí es una imagen triste…
Me llevo la imagen gris de la escuela donde estudié por tantos años. La universidad se quedó vacía sin mis amigos y compañeros. Me encontré un día allí, como si estuviera viajando en el tiempo. Como si estuviera en el pasado o en el futuro. El lugar era exactamente el mismo. Pero no había nadie que me hiciera sentir que una vez pertenecí allí. Pasé por eso pasillos donde tanto viví , de manera casi invisible. Toqué, para creerlo, aquellas mesas en las que tantas veces me senté a almorzar entre clase y clase, aquellos salones donde los enfrenté tantos miedos de la vida. Miedo a perder, a ganar, a aprender, a enamorarme, a equivocarme, a vivir y a morir.
Viví allí por largos 7 años. Crecí allí, no digo en años, digo adentro. Algunos de mis mejores amigos los conocí allí. Y es raro sentir como son solo recuerdos en muros que hoy pertenecen a otros.
Antes de entrar a “ la casa que vence las sombras” ( de la que aun no me dejan salir por completo) me visualizaba entre sus corredores, decían que eso ayudaba a que mis sueños se hicieran realidad. Aquel primer día de clases, llegué a un edificio bastante feito a las 7 de la mañana. Conocí a María que esperaba igual que yo. Hablamos mientras esperábamos. Hoy Mari está por casarse y en México, pero seguimos en contacto. Ella me hizo conocer a Alejandro ( mi novio de siempre) y a Ricardo Arjona , el otro que hubiese querido que ocupara ese lugar.Estudié idiomas en esa escuelita. Conocí a personas que marcaron pauta en mi vida. Alejandro, Laura,Mari, Antonella, Ayelet, Charlie , entre muchos…
Cambié los idiomas que estudiaba desafiando a todos, y empecé con mis hermosas lenguas, francés e italiano. Nunca me he arrepentido. Crecí con esos muros que ya no dicen nada de mí.
Lloré cuando estaba nerviosa por un parcial o cuando los profes me hacían pasar rabietas. Ale y yo nos besamos por primera vez en el segundo piso de frente al laboratorio, dormí en las mesas frente al centro de estudiantes, visité el comedor en mis primeros años , la biblioteca inexistente y la dirección de la escuela, en las que pelee tantas veces.
Ahora soy solo un fantasma que deambula por allí. Sólo hace dos años que me fui, pero parece que fueran mil. No queda nada, nada.
Perdón, si queda algo… en el pasillo que va desde uno de los estacionamientos al rectorado, en el techo, escrito con tiza y renuente al olvido hay un escrito pequeñito que nadie sabe que está allí, pero que me hace sentir que en algún momento yo existí para esos muros. Alguien que me quiso escribió " Daniela T. T.Q.M"

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